Me preguntaron si me parecía que mi mascota estaba bien cuidada y alimentada. Si podía decir que tengo una mascota saludable.

Daba por hecho que cuidaba bien de mi perro, Thor. Acudo al veterinario para que le haga sus controles rutinarios, juego con él, corremos, lo peino y lo llevo a su peluquería dos veces al año. Y lo más importante, me preocupo mucho de lo que come, porque al igual que para mí, una dieta equilibrada y nutritiva es fundamental para estar sano y tener la energía que necesitamos cada día.

Aunque parece obvio, nunca me había parado a pensar en si lo estaba haciendo bien con Thor. Efectivamente, mi perro tiene todo lo que necesita. Por las mañanas, los dos nos levantamos a la misma hora. Salimos a la calle y paseamos un rato por el parque que tenemos cerca de casa. Llevo su pelota roja, que la pobre está ya destrozada, pero le vuelve loco de alegría. Echamos unas cuantas carreras y aprovecho este momento para darle el capricho de una golosina, una de esas chucherías para perros que les encantan. Sé que hay que controlar la cantidad que le doy cada día para evitar que engorde. Pero espera con tanto entusiasmo mi recompensa que, a veces, he de reconocer que me paso un poco…

Cuando volvemos del parque, desayunamos los dos juntos y le pongo en su plato la mitad de su ración diaria de pienso COMPY.  Durante las mañanas, a veces, tengo que dejarle solo. Antes de marcharme siempre me aseguro de que tiene su bebedero lleno de agua limpia. Desde que era un cachorrito le eduqué bien, y la verdad es que es muy formal y sabe comportarse aunque yo no esté en casa.

En el paseo de las tardes, en el que muchos días aprovecho para correr un poco, él me sigue el paso. Está fuerte y aunque tiene ya sus añitos, aguanta como un campeón los paseos y carreras.

Por la noche, después de cenar los dos, nos sentamos en el sofá  a descansar. Como tiene el pelo largo, muchos días dedico un ratito a  peinarlo. Su pelo es abundante, suave y brillante, y esto me indica que está bien alimentado, ya que una comida deficiente se nota enseguida en el pelo. Aprovecho para revisar su piel y asegurarme de que no ha cogido en el parque ninguna pulguilla…

Si me abro algo para picar, me mira con ojos golosos, y como él no es menos, tengo que darle alguno de sus snacks favoritos: galletas, palitos de carne, bocaditos… Y los dos somos felices.

Así que después de pensar en mi mascota creo que efectivamente tengo un perro saludable en todos los aspectos.

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